El doblete de un Álex Baena y el tanto de Lookman encarrilan un triunfo sostenido con oficio tras el descanso.
** ** Vídeo del partido Sevilla 1 - At.Madrid 3 ** **
El césped del Ramón Sánchez-Pizjuán siempre se presenta como una plaza sumamente exigente, un termómetro perfecto para calibrar las verdaderas aspiraciones y el temple de cualquier aspirante al título. Y el Atlético de Madrid, plenamente consciente de la magnitud del escenario en esta tercera jornada, saltó a la pradera de Nervión con una mentalidad absolutamente arrolladora. Los primeros cuarenta y cinco minutos fueron, sin exagerar un ápice, una auténtica exhibición táctica y técnica; un monólogo rojiblanco que asfixió por completo a un Sevilla incapaz de contener el vendaval ofensivo orquestado desde la pizarra de Diego Pablo Simeone. El equipo madrileño salió con el colmillo afilado, circulando el balón con una velocidad vertiginosa y encontrando enormes grietas en una zaga local que parecía derretirse ante las incesantes acometidas visitantes. El gran director de esta orquesta durante el acto inicial fue, sin lugar a dudas, un excelso Álex Baena. El talentoso centrocampista demostró por qué es una de las piezas angulares de este proyecto, asumiendo galones y exhibiendo una clarividencia insultante en los metros finales. Apenas corría el minuto 4 cuando el jugador rompió las líneas defensivas para abrir la lata (0-1) con una definición soberbia, marcando el territorio y silenciando el feudo sevillista desde el pitido inicial. Lejos de conformarse con la ventaja temprana, el Atleti siguió percutiendo por ambas bandas, y en el ecuador de la primera mitad, en el minuto 26, Ademola Lookman se sumó a la fiesta anotando un sensacional segundo tanto (0-2) que dejaba a los hispalenses contra las cuerdas y al borde del abismo. La brillante sinfonía colchonera alcanzó su clímax poco después, en el minuto 33, cuando nuevamente Baena, en estado de gracia y desatado en ataque, perforó la red rival para firmar un doblete espectacular y establecer un demoledor 0-3 antes de enfilar el túnel de vestuarios.
Tras el paso reglamentario por los vestuarios, el guion del partido experimentó una lógica y esperada metamorfosis. Con una ventaja tan sumamente abultada en el bolsillo, el Atlético de Madrid optó de manera inteligente por meter una marcha menos, cediendo de manera controlada parte de la iniciativa al cuadro dirigido por García Pimienta para intentar castigar los previsibles espacios al contragolpe. El conjunto local, herido en su orgullo y empujado por el inagotable aliento de su afición, adelantó sus líneas asumiendo riesgos superlativos en la búsqueda de un gol rápido que le metiera de nuevo en la disputa emocional del partido. A pesar de este evidente cambio de inercia en la posesión, el Atleti seguía destilando un peligro mortífero en cada transición que lograba tejer. De hecho, al filo del minuto 50, Ademola Lookman estuvo a punto de sentenciar definitivamente la contienda al volver a enviar el esférico al fondo de las mallas tras una buena combinación. Sin embargo, tras la revisión minuciosa pertinente, el colegiado Alberola Rojas, asistido por la tecnología del VAR, decidió anular la acción por una infracción previa; una decisión que dejó el marcador intacto y otorgó un ligero e inesperado respiro a un Sevilla que, por momentos, parecía francamente abocado a ser goleado.
El alivio del gol anulado pareció espolear definitivamente al conjunto andaluz, que comenzó a merodear con mucha mayor insistencia y fe los dominios defendidos por un siempre seguro Jan Oblak, aunque esta vez sin su parada decisiva habitual. Fruto de esta insistencia continuada, en el minuto 65, el canterano sevillista Sierra logró encontrar una rendija en la férrea defensa visitante para conectar un buen remate, acortando distancias, poniendo el 1-3 en el luminoso y encendiendo nuevamente a las gradas de Nervión. Era el momento exacto de apretar los dientes y demostrar que la plantilla colchonera también sabe sufrir con grandeza cuando el contexto del choque lo demanda. Lejos de amilanarse o ceder ante el empuje local, el mediocampo del Atlético intentó recuperar el pulso y la pausa del encuentro. Fue justo en este tramo donde emergió con fuerza la figura de Pablo Barrios, omnipresente en las labores de creación y recuperación. El joven canterano rojiblanco rozó el gol protagonizando una de las jugadas más plásticas del segundo acto al incorporarse al ataque y conectar un potentísimo cabezazo que llevaba marchamo innegable de gol. Únicamente una estirada felina y un paradón monumental, casi milagroso, del guardameta Odisseas Vlachodimos evitaron que el cuarto tanto colchonero subiera al marcador, manteniendo viva la tensión competitiva en la recta final del duelo.
Los últimos compases de este vibrante partido estuvieron ineludiblemente marcados por la fricción y una dosis de polémica que añadió el clásico picante a la recta final. El conjunto sevillista reclamó de forma totalmente airada una supuesta pena máxima dudosa en un balón dividido despejado por el danés Morten Hjulmand en el interior del área rojiblanca. La jugada fue revisada meticulosamente desde la sala VOR, dictaminando con acierto que la acción no era punible, frustrando definitivamente las esperanzas locales de forzar un penalti agónico. Consciente de la imperiosa necesidad de contemporizar el juego y asegurar sin fisuras los valiosos tres puntos, Diego Pablo Simeone movió su banquillo con absoluta maestría táctica. Las entradas progresivas de jugadores de refresco como José María Giménez, Koke Resurrección, Johnny Cardoso y Rodrigo Mendoza dotaron al esquema de oxígeno vital, frescura posicional y, por encima de todo, del oficio veterano necesario para congelar la circulación del balón. Estas sustituciones fueron un éxito rotundo a la hora de conservar el marcador favorable; el equipo tiró de galones para dormir el encuentro, desesperó a su rival con posesiones largas y consumió los minutos de descuento sin conceder ni un solo sobresalto extra. El pitido final certificó una victoria de enorme prestigio a domicilio, cimentada y encarrilada en una primera mitad verdaderamente magnífica, y sostenida por un segundo tiempo de puro y efectivo pragmatismo cholista.