** ** Vídeo del partido At. Madrid 0 - Betis - 1 ** **
Once inicial del Atlético en el Jan BreydelstadionEl partido de ida de los playoffs de la Champions League 2025-26 entre Club Brujas y Atlético de Madrid se disputó en el Jan Breydelstadion de Brujas, un estadio con capacidad para unas 29.000 personas que lució un ambiente espectacular, lleno y muy ruidoso, con ambos fondos empujando a sus equipos. El duelo fue una auténtica montaña rusa: el Atleti se puso 0-2 al descanso gracias a los goles de Julián Álvarez (penalti, min 8) y Ademola Lookman (45+3), el Brujas empató en nueve minutos tras la reanudación por medio de Raphael Onyedika (51) y Nicolo Tresoldi (60), y en el tramo final llegaron un autogol de Joel Ordóñez (79) que parecía dar alas con el 2-3 a los rojiblancos perro al final llegó el 3-3 definitivo de Christos Tzolis en el 89’, validado por el VAR tras revisar un posible fuera de juego. El choque deja al Atlético con la sensación de haber perdido una oportunidad de oro, pero con la eliminatoria totalmente abierta para resolver en el Metropolitano.
En la primera parte el Atleti salió muy enchufado, con presión alta y mucha personalidad con balón, y pronto encontró premio. A los 7 minutos, un balón colgado al área tocó en el brazo de Joaquín Seys; tras revisión prolongada del VAR, el árbitro señaló penalti y Julián Álvarez transformó la pena máxima con un disparo potente y ajustado al palo derecho, sin opción para Simon Mignolet. El gol dio confianza a los de Simeone, que siguieron encontrando espacios: Griezmann rozó el 0-2 en una internada temprana y el propio Álvarez probó desde lejos obligando a intervenir de nuevo a Mignolet. Durante unos minutos, el Brujas respondió con llegadas de Onyedika y Tresoldi, pero Jan Oblak sostuvo al equipo con dos paradas de mérito que evitaron el empate y cortaron la reacción belga. Cuando parecía que el 0-1 sería el marcador del descanso, el Atlético golpeó de nuevo a balón parado: en el 45+3, un córner botado por Álvarez fue peinado en el primer palo por Antoine Griezmann y Lookman, muy atento en el segundo, empujó el balón a la red para el 0-2 con el que se llegó al intermedio.
La segunda parte fue un escenario completamente distinto, con un Brujas desatado y un Atlético demasiado blando en área propia. Nada más iniciarse el segundo acto, los locales apretaron a través de centros laterales y acciones a balón parado; en el 51’, un córner terminó con un cabezazo de Tresoldi que Oblak consiguió desviar, pero Onyedika apareció más rápido que nadie para cazar el rechace y recortar distancias (1-2). El empuje belga no se frenó y, en el 60’, Mamadou Diakhon rompió por la izquierda con un gran cambio de ritmo y su centro raso al primer palo fue desviado a gol por Tresoldi, firmando el 2-2 que encendió el Jan Breydel. Simeone reaccionó dando entrada a Sørloth, que cambió el aire del ataque rojiblanco: el noruego tuvo un cabezazo que se estrelló en el larguero y un remate a quemarropa que impactó en el rostro de Mignolet en otra ocasión clarísima. Esa insistencia tuvo premio en el 79’, cuando un centro lateral de Marcos Llorente buscando a Sørloth fue desviado por Joel Ordóñez hacia su propia portería, convirtiéndose en el 2-3 para el Atleti. Cuando los madrileños parecían tener la eliminatoria muy encarrilada, llegó el golpe final: en el 89’, un pase filtrado de Onyedika dejó a Christos Tzolis mano a mano con Oblak; el griego definió cruzado el 3-3 y, tras varios segundos de revisión del VAR por un posible fuera de juego, el tanto fue concedido ante la explosión de la grada local.
Desde la óptica rojiblanca, el partido deja luces y sombras muy marcadas. Entre los mejores del Atlético hay que destacar a Julián Álvarez, que además del gol de penalti generó juego entre líneas y obligó a Mignolet a emplearse en dos disparos lejanos; también a Ademola Lookman, decisivo en el 0-2 y protagonista de varias carreras peligrosas que desbordaron a la zaga belga. Jan Oblak volvió a sostener al equipo con paradas clave en la primera mitad y con varias intervenciones tras el 2-3 que evitaron una derrota que sería más dolorosa, mientras que Sørloth cambió el partido desde el banquillo, inquietando en el autogol y estrellando un remate en la cruceta. Sin embargo, la fragilidad defensiva, la incapacidad para gestionar ventajas amplias y los errores de concentración en los minutos clave alimentan la preocupación: el Atleti ha encajado ya 15 goles en siete partidos de Champions y sigue sin dejar su portería a cero en la competición. Aun así, el 3-3, con tres goles fuera de casa y fases de juego de gran nivel ofensivo, deja la sensación de eliminatoria intensa e igualada, con “todo por resolver” en la vuelta en el Metropolitano, donde uno de los grandes objetivos de la temporada sigue estando muy vivo y es clave para la temporada: avanzar lo máximo posible en la Champions League.

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El derbi madrileño entre Rayo Vallecano y Atlético de Madrid se disputó en el Estadio Ontime Butarque de Leganés, obligados por el mal estado del césped de Vallecas, que no superó la auditoría de LaLiga. El contexto fue peculiar, con protesta rayista contra la gestión de Presa y fondos muy vacíos, pero también con un grupo fiel de aficionados de ambos equipos que dio color y cánticos al partido. En lo futbolístico, el encuentro fue un paso atrás muy serio del Atlético: pese a un buen arranque y varias ocasiones claras, acabó derrotado por 3-0, con goles de Fran Pérez, Óscar Valentín y Nobel Mendy. Los tantos llegaron en el 40’, 45’ y 76’, castigando un partido espeso, sin continuidad ni colmillo rojiblanco y que deja a los de Simeone cuartos, a 15 puntos del Real Madrid y con la pelea por la Champions en riesgo.
En la primera parte el Atlético comenzó algo mejor, con balón y llegadas por fuera, y tuvo la ocasión más clara del tramo inicial: un centro de Nahuel Molina desde la derecha que Nico González empalmó en el segundo palo, obligando a Mendy a rechazar estrellándose finalmente en el larguero con Batalla ya batido. Ese “casi gol” al minuto 9 fue el gran aviso rojiblanco y la jugada que pudo cambiar el guion. Poco después, Álex Baena dispuso de un disparo peligroso que se marchó por encima del travesaño. Sin embargo, a partir de la media hora el Rayo se adueñó del partido con la presión alta y, sobre todo, con la dupla Ilias–Ratiu castigando el costado izquierdo rojiblanco. El 1-0 llegó en el 40’: Ratiu desbordó por derecha y puso un centro tenso al corazón del área que Fran Pérez remató prácticamente solo para batir a Oblak. Justo antes del descanso, en el 45’, un disparo potente de Isi Palazón fue repelido por Oblak con una gran estirada, pero el rechace cayó en los pies de Óscar Valentín, que empujó el 2-0 castigando de nuevo los errores defensivos y la falta de contundencia colchonera.
Tras el descanso, el Atleti intentó reaccionar con cambios y más ritmo, pero sin claridad ni continuidad. Nada más arrancar el segundo tiempo, una jugada individual de Ilias Akhomach que acaba cayendo en el área encendió a la grada del Rayo, que pidió penalti; el colegiado Burgos Bengoetxea dejó seguir y la acción no se tradujo en pena máxima. Con el paso de los minutos, los rojiblancos acumularon llegadas sueltas: Nico González volvió a aparecer con una buena acción individual que obligó a Batalla a estirarse, mientras que Thiago Almada probó desde la frontal sin encontrar portería. También José María Giménez dispuso de una de las más claras del segundo acto, con un remate de espuela en un córner que Batalla detuvo con reflejos para mantener el 2-0. Cuando el Atlético parecía algo más asentado, el Rayo sentenció a balón parado: en el 75’’, un córner botado por Álvaro García al segundo palo encontró el cabezazo de Nobel Mendy, que le ganó el salto a Llorente y firmó el definitivo 3-0. A partir de ahí, el tramo final tuvo más orgullo que fútbol por parte rojiblanca: posesión, centros y alguna llegada, pero sin sensación real de poder remontar ni acercarse a un marcador tan abultado.
Desde la óptica atlética, fue una tarde muy pobre en términos colectivos, pero aún así se pueden rescatar algunos nombres propios. Jan Oblak, pese a encajar tres tantos, evitó que la goleada fuera mayor con varias intervenciones de mérito ante Espino, Ilias y Fran Pérez en la primera mitad y ante Mendy y otros atacantes en la segunda. Nico González fue probablemente el jugador de campo más activo del Atleti, generando la ocasión del larguero y varias de las llegadas más peligrosas tras el descanso. Giménez, más allá de su ocasión final, sostuvo al equipo en varios duelos defensivos y evitó que el castigo fuese aún más duro. Sin embargo, la sensación global es de un Atlético irreconocible en Liga, con nueve rotaciones respecto al 4-0 copero contra el Barça y una desconexión competitiva alarmante en el campeonato doméstico. Esta derrota en Butarque supone un frenazo evidente en la pelea por afianzar la zona Champions: el equipo se queda cuarto, empatado con el Villarreal, muy lejos del liderato y obligado a reaccionar si no quiere complicarse uno de los objetivos mínimos e innegociables de cada temporada.
El Atlético de Madrid firmó una victoria convincente por 3‑0 ante el Mallorca en un Metropolitano con buena entrada a pesar de la fría tarde madrileña y del horario en hora de comer. El equipo de Simeone fue claramente superior, llevó el peso del partido y encontró premio a su insistencia con el 1‑0 de Sørloth tras aprovechar un rechace de Leo Román (22’), el 2‑0 en un desafortunado autogol de David López (75’) y el 3‑0 definitivo de Thiago Almada con un derechazo dentro del área (87’). Con este triunfo, el Atleti se afianza en la zona Champions y mantiene la racha de imbatibilidad liguera en su estadio, donde sigue siendo uno de los locales más sólidos de Europa, con trece victorias consecutivas.
El Atleti salió muy intenso, con Llorente y Hancko proyectados por bandas, Barrios marcando el ritmo y Giuliano y Baena muy activos entre líneas, ahogando la salida de balón bermellona. Tras unos primeros minutos de ligera réplica balear con un remate desviado de Muriqi, los de Simeone se adueñaron del duelo y encadenaron varias ocasiones; una triple acción en el 14’ obligó a lucirse a Leo Román, que también sacó una volea potentísima de Llorente poco antes del gol. El 1‑0 llegó en el 22’: volea de Llorente desde la frontal, gran parada de Román y Sørloth, muy atento, cazó el rechace para fusilar con la zurda y abrir el marcador. A partir de ahí el partido se jugó casi por completo en campo del Mallorca, con el Atleti moviendo el balón con paciencia, centros laterales constantes y algún intento lejano de Baena y Barrios, mientras Oblak vivía una primera mitad muy tranquila sin apenas tocar el balón.
Tras el descanso, el guion apenas cambió: el Atlético siguió mandando con balón y el Mallorca buscó salir rápido con Darder y las diagonales hacia Muriqi, que rozó el empate en un cabezazo que se marchó por poco tras un buen centro desde la izquierda. Simeone movió el banquillo para refrescar al equipo con Nico González, Almada y Koke, y el conjunto rojiblanco volvió a acelerar a partir del minuto 70, encerrando a los baleares a base de centros de Llorente y Giuliano y segundas jugadas ganadas por Barrios y Cardoso. El 2‑0 llegó en el 75’: un envío tenso desde la banda derecha terminó rebotando en David López, que se introdujo el balón en su propia portería en un intento de despeje, hundiendo anímicamente al Mallorca. En un tramo final algo más abierto, con espacios para correr para ambos equipos, el Atleti sentenció en el 87’ cuando Almada, muy activo entre líneas desde su entrada, aprovechó un balón suelto tras un córner y lo cruzó con potencia para establecer el 3‑0, en un cierre de partido que, pese a algún acercamiento visitante, dejó la sensación de que la victoria local nunca peligró.
Entre los rojiblancos destacaron Sørloth, que además del gol fue un incordio constante fijando centrales y descargando de espaldas; Marcos Llorente, decisivo con su llegada y su golpeo exterior en la acción del 1‑0 y en el centro que provocó el 2‑0 y Pablo Barrios, dueño del mediocampo marcando tempo y ganando segundas jugadas. También dejó muy buenas sensaciones Thiago Almada, que entró desde el banquillo para poner pausa entre líneas, generar varias combinaciones peligrosas y coronar su actuación con el 3‑0, así como Nico González, que dio oxígeno en la circulación en el tramo final. Desde la óptica colchonera, el 3‑0 supone un triunfo redondo: portería a cero, mejora ofensiva con tres tantos y un Metropolitano que sigue siendo un fortín, permitiendo a los de Simeone consolidarse en la tercera plaza con una ventaja importante sobre el quinto y aunque lejanas, manteniendo vivas las aspiraciones de pelear la Liga hasta el final.
El Estadio Metropolitano vivió una de esas noches mágicas que quedarán grabadas en la retina de los aficionados colchoneros por mucho tiempo. Lo que se presentaba como una ida de semifinales de Copa del Rey igualada ante el FC Barcelona se transformó en un monólogo rojiblanco, una auténtica exhibición de intensidad, pegada y fútbol vertical que desbordó por completo al conjunto azulgrana. Desde el pitido inicial, el ambiente en las gradas fue ensordecedor, llevando al equipo en volandas hacia una victoria contundente por 4-0 que deja la eliminatoria muy encarrilada, salvo catástrofe en la vuelta. El Atlético no solo ganó, sino que arrolló a su rival con una secuencia de goles letal en la primera mitad: abrió la lata Eric García en propia puerta, seguido de una obra de arte de Antoine Griezmann, el tercero de Ademola Lookman y la puntilla de Julián Álvarez justo antes del descanso, cerrando una noche perfecta.
La primera parte fue, sin lugar a dudas, una de las mejores actuaciones del Atlético de Madrid en la era reciente, un vendaval que bien podría haber acabado con un resultado aún más abultado. El equipo salió a morder arriba, asfixiando la salida de balón de un Barcelona inoperante. A los 6 minutos, la presión surtió efecto provocando el gol en propia puerta de Eric García. Lejos de conformarse, el Atleti olió sangre. En el minuto 14, una jugada colectiva brillante acabó con un pase de Nahuel Molina para que Griezmann, con su clase habitual, definiera el 2-0. El dominio era total; el Barça no sabía por dónde le venía el aire. Musso apenas tuvo que intervenir ante un rival noqueado, mientras el Atleti seguía percutiendo. Al 33', Ademola Lookman puso el tercero aprovechando el desconcierto defensivo culé, y en el tiempo añadido (45'+2), "La Araña" Julián Álvarez hizo estallar el estadio con el 4-0, culminando 45 minutos de perfección táctica y ejecución letal.
La segunda mitad comenzó con un guion diferente, marcado por el intento desesperado del Barcelona de meterse en la eliminatoria y una polémica que detuvo el corazones de los asistentes. El momento clave llegó en el minuto 52, cuando Cubarsí mandó el balón a la red. Sin embargo, el VAR intervino en una revisión eterna que se prolongó durante más de siete minutos, anulando finalmente el tanto por un fuera de juego milimétrico que mantuvo el 4-0 en el luminoso. Tras el susto, el partido se equilibró; el Barça tuvo poca opciones pero Musso apareció con algunas paradas de mérito para mantener la portería a cero. El tramo final fue un ejercicio de control rojiblanco, gestionando la ventaja y jugando con la desesperación de un rival que acabó con diez por la expulsión de Joan García en el 85'.
En el capítulo de destacados, es difícil no mencionar a todo el bloque, pero Antoine Griezmann volvió a demostrar por qué es el faro de este equipo, dirigiendo cada ataque con una clarividencia absoluta. Junto a él, Julián Álvarez fue una pesadilla constante por su movilidad y gol, y Nahuel Molina completó un partido soberbio en el carril derecho. En la portería, Juan Musso aportó la seguridad necesaria en los momentos críticos. La conclusión es inmejorable: el Atlético de Madrid firma una actuación de ensueño, de esas que refuerzan la identidad del club, y viaja a Barcelona con una renta de cuatro goles que, si bien exige respeto, permite soñar con garantías reales de estar en la gran final de Copa de Abril en La Cartuja, cumpliendo con uno de los grandes objetivos de la temporada 2025-2026.

El Atlético de Madrid sufrió un inesperado frenazo en su buena dinámica liguera al caer 0-1 ante el Betis en un Metropolitano lleno, con más de 65.000 espectadores y una atmósfera de cita importante que contrastó con el partido espeso de los de Simeone. Tras el 0-5 copero de días atrás, el choque se presentaba como una oportunidad perfecta para consolidar la zona Champions, pero el plan defensivo de Pellegrini, coronado por un golazo de Antony en la primera mitad, desactivó a un Atleti plano, al que además le anularon dos tantos por fuera de juego y que jamás encontró claridad en los metros finales. La secuencia del marcador fue simple: tanto del brasileño en el minuto 28 y remontada imposible para un Atlético dominador en posesión pero incapaz de traducirla en ocasiones claras, pese a su arreón final.
El encuentro arrancó con intercambio de avisos y un Atlético que quiso mantener la inercia de la Copa, pero poco a poco el Betis fue imponiendo su ritmo con posesiones más largas y ataques bien armados. El Betis tuvo dos clara ocasiones para adelantarse en marcador, pero dos buenas intervenciones de Oblak lo evitaron. Hasta que llegó el 0-1 pasada la media hora, en una acción nacida en la frontal: Abde recibió, atrajo marcajes y abrió a la derecha para Antony, que recortó hacia dentro y sorprendió a Oblak con un disparo ajustado al primer palo que el esloveno llegó a tocar, sin poder evitar que el balón acabara en la red. El golpe dejó tocado al Atleti, que solo reaccionó en el tramo final del primer acto con centros laterales y alguna llegada aislada, culminada por un cabezazo de Lookman que terminó en gol, pero fue correctamente invalidado por fuera de juego tras la revisión de la jugada, confirmando el VAR la posición adelantada del nigeriano en el momento del envío de Llorente. Con el Betis muy cómodo, sin cometer una sola falta en todo el primer tiempo y manejando el ritmo del encuentro, se llegó al descanso con sensación de superioridad táctica visitante.
Simeone agitó el árbol en el descanso con un triple cambio para intentar cambiar la cara de un equipo espeso: retiró a Ruggeri, Almada y un Julián Álvarez que enlazó su undécimo partido de Liga sin marcar, y dio entrada a Le Normand, Baena y Sorloth para ganar presencia en área rival y más colmillo ofensivo. El Atleti adelantó líneas y buscó el empate por insistencia más que por fútbol fluido, generando peligro sobre todo a balón parado y en centros laterales que la zaga bética fue despejando con solvencia. Simeone redobló su apuesta ofensiva con la entrada de Griezmann por el canterano Mendoza, pero ni así logró desordenar a un Betis muy junto, solidario y aplicado en cada ayuda defensiva. La oportunidad de empatar el partido por parte rojiblanca llegó en el minuto 74 tras un excelente cabezazo a la red de Griezmann; sin embargo, el tanto fue anulado por un fuera de juego milimétrico del francés tras la revisión arbitral en el VAR, frustrando la celebración local inicial. En la recta final, el partido se abrió, con espacios para las contras verdiblancas y un Atleti volcado que dejó huecos atrás; aun así, la última gran oportunidad fue para Riquelme, cuyo intento de vaselina en el descuento lo atrapó Oblak, sellando una victoria sufrida pero merecida para un Betis que también dispuso de opciones para sentenciar a la contra.
En clave rojiblanca, Oblak evitó un marcador más amplio con varias intervenciones seguras, mientras que Lookman y Griezmann fueron los más insistentes en ataque, sumando desborde y centros desde los costados en un contexto de escasa inspiración colectiva. También dejó buena cuota de personalidad el joven Mendoza en la primera mitad, aunque su participación quedó corta por los ajustes tácticos, y la entrada de Griezmann dotó al equipo de algo más de criterio entre líneas, sin llegar a traducirse en ocasiones diáfanas. Pese a ello, el rendimiento global del Atleti estuvo lejos del nivel exigible: un juego plano, dificultades para superar el bloque medio-bajo bético y demasiada dependencia del balón parado terminaron dejando escapar unos puntos clave en la pelea por la zona alta. La derrota mantiene a los de Simeone en puestos de Champions, pero supone un claro frenazo en Liga y una llamada de atención para un equipo que, si quiere asegurar uno de sus grandes objetivos de la temporada —acabar entre los cuatro primeros—, deberá recuperar de inmediato la intensidad, la claridad en campo contrario y la fiabilidad que sí mostró en la reciente exhibición copera ante este mismo rival.
Betis y Atlético de Madrid ofrecieron una noche grande de Copa en La Cartuja, con un ambiente espectacular cercano al lleno y mayoría verdiblanca en las gradas, pero con un Atlético muy serio que impuso su fútbol desde el primer minuto y firmó su mejor actuación del curso, especialmente en una primera parte de auténtica exhibición. El conjunto rojiblanco se adelantó pronto con un cabezazo de Dávid Hancko en un córner, amplió la renta con un tanto de delantero centro de Giuliano Simeone y dejó casi sentenciado el pase antes del descanso con un golazo a la contra de Ademola Lookman. En la reanudación, Antoine Griezmann culminó otro contraataque para el 0-4 y Thiago Almada cerró la “manita” en el tramo final tras aprovechar un rebote del meta bético para sellar el 0-5 que coloca al Atleti en semifinales con enorme autoridad.
La primera mitad tuvo un claro color rojiblanco, con el Atlético mandando en la presión, en la posesión y, sobre todo, en la claridad de ideas, desbordando a un Betis que apenas encontraba líneas de pase y sufría con cada transición visitante. El 0-1 llegó en una acción de estrategia bien trabajada: córner desde la izquierda, movimiento al primer palo y cabezazo seco de Hancko que sorprendió a la defensa verdiblanca y silenció momentáneamente a La Cartuja. Lejos de replegarse, el Atleti se soltó y encontró el 0-2 en una jugada colectiva preciosa por la banda izquierda, culminada por un centro raso de Ruggeri que Giuliano atacó como un nueve puro para empujar a placer. El Betis reaccionó con un par de llegadas aisladas, incluyendo un centro‑chut peligroso de Antony bien resuelto por la zaga rojiblanca, pero el golpe definitivo antes del descanso lo dio Lookman: Griezmann lanzó el contraataque, combinó de tacón con el nigeriano y, tras una conducción larguísima con apoyo de Barrios, el delantero nigeriano recién fichado cruzó un disparo inalcanzable para firmar el 0-3 que desató la euforia rojiblanca.
Tras el descanso, Pellegrini movió el banquillo para intentar cambiar la dinámica y el Betis tuvo más balón, pero el Atlético mantuvo una estructura sólida, con la defensa atenta para repeler centros laterales y un Musso prácticamente inédito ante la falta de remates claros del cuadro bético. Con los locales adelantando líneas, el partido quedó ideal para el plan del Atleti: presión intermedia, robo y salida rápida, y en una de esas transiciones llegó el 0-4, con Griezmann atacando el espacio y definiendo con un zurdazo potente al palo largo que certificó la goleada y dejó La Cartuja enmudecida. En la última media hora, con los cambios de Simeone, debutó Rodrigo Mendoza y entraron piernas frescas como Almada y Obed Vargas, también debutante, mientras el Betis se volcaba buscando el gol del honor sin demasiada precisión en el último pase. En el tramo final, otro contraataque rojiblanco acabó con disparo de Griezmann que rechazó el guardameta local y, atento al rebote, Thiago Almada empujó a puerta vacía para firmar el 0-5 definitivo en medio de una afición bética resignada y de un sector rojiblanco entregado al espectáculo de su equipo.
Desde el prisma rojiblanco, el encuentro dejó una lista amplia de destacados: Hancko se mostró imperial atrás y decisivo en el área rival con su gol inicial; Ruggeri volvió a ser un puñal por la banda; Barrios sostuvo a la medular con personalidad hasta su lesión, y en ataque brillaron un Griezmann total, un Giuliano muy agresivo en los desmarques y, sobre todo, un Lookman que firmó un debut soñado por desequilibrio, gol y sensación de amenaza constante. Los minutos de Rodrigo Mendoza y Obed Vargas mostraron que la plantilla gana fondo de armario, mientras que Almada aprovechó su rato para apuntarse al festival con el quinto tanto y varios detalles de calidad. En conjunto, el Atlético ofreció en La Cartuja una auténtica exhibición, dominando el ritmo, castigando cada pérdida rival y mostrando una pegada demoledora que le permite avanzar con enorme solvencia a las semifinales de la Copa del Rey, reforzando la confianza del vestuario en uno de los objetivos importantes de la temporada y alimentando el sueño de regresar al mismo escenario para pelear por el título.
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